Estamos Hiperconectados a Nada

ESTAMOS HIPERCONECTADOS A CERO.

La tendencia que se apropia de nuestros momentos es más real y potente que la relación que dejamos en la cafetería cuando compartimos con amigos.

QUÉ ES LA HIPERCONECTIVIDAD

La necesidad de estar conectados a alguna red de forma constante, incluso sobre-escribiendo la importancia de las necesidades básicas hacia un segundo plano como comer y dormir, nos lleva a la dependencia más absoluta de la conectividad.  Dependemos de internet, es la base del concepto.

Esto sumado a un nuevo efecto, llamado nomofobia, que nos llama a subordinarnos del teléfono celular y nos causa angustia cuando no lo tenemos cerca. Casi como si el contenido fuera de extrema confidencialidad.

¿CÓMO NOS AFECTA UNA REALIDAD QUE NO ESTÁ CERCANA?

Si lo analizamos desde el punto de vista cotidiano, observamos 3 momentos, uno de ellos es el plano social, el segundo es en el plano relacional (parejas) y el tercero en el plano personal. Cada uno nos afecta de forma directa e impacta en el entorno en el que nos desenvolvemos.

En el primer escenario, es decir, en el plano social, somos incapaces de reconocer la importancia de la conexión humana. Estamos presentes en un sitio con personas reales, pero no compartimos directamente sino que estamos pendientes de lo que ocurre con quienes no están en ese momento y que no participan del enlace, las conversaciones se tornan monótonas y los temas recurrentes. Es contradictorio, ya que nos reunimos para abrazar un vínculo, pero lo reemplazamos con nada.

Las relaciones humanas dependen de vínculos, de conexiones y de impacto. El hecho de prestar más atención a lo que pasa en el mundo que en nuestra propia realidad genera un déficit en alguno de estos parámetros y afecta las relaciones de pareja, que es nuestro segundo plano. Se puede observar cuando dos personas van a la cama con el objetivo de dormir, pero finalmente es más importante el comentario sobre alguna noticia o lo que comenta algún amigo en las redes reduciendo el interés por el vínculo y atenuando la conversación compartida. Al final ocurre el sueño, pero de una forma diferente.

Las tecnologías ciertamente ya han reemplazado a algunos medios tradicionales como libros, fax, diarios y otras cosas que solíamos llevar con nosotros. El baño es uno de los momentos más personales, es así; o lo era. El celular es un material de entretención dinámico que nos hace perder la noción del tiempo y olvidar el objetivo de una misión primaria o algo básico, un simple mensaje o un “momento” social son suficientes para romper nuestra concentración. Podemos pasar horas revisando algo que ha capturado nuestra atención y que no sea relevante o de interés para perder la noción del tiempo en el plano personal; que es nuestro tercer elemento.

EL ESCENARIO DEL CAFÉ SIN PALABRAS

Los momentos son importantes y las generaciones más nuevas así lo demuestran en sus redes y con sus círculos, pero lo particular de esto es que son sus momentos, propios, individualizados; ya nos son los momentos colectivos donde todos disfrutan de la buena mesa. Es importante tomar la fotografía a la comida, contarles a tus amigos que no están contigo de las últimas reuniones; y en la reunión es más importante generar el recuerdo del momento que extender el vínculo y la relación, la conversación está demás, el otro ya no importa tanto. Parece que finalmente quedamos conectados a nada, a cero.

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